Cada año, entre febrero y marzo, Martinica se sumerge en una fiebre que ninguna otra época logra igualar. El carnaval de Martinica no es un simple desfile: es una semana entera en la que toda la isla, desde Fort-de-France hasta los pueblos del norte, vibra al ritmo de los tambores, de los vidés y del criollo. Como residente en la isla, lo he vivido desde dentro, y aquí te ofrezco una guía día a día para no perderte nada, desde el Domingo Gordo hasta la cremación de Vaval.
Entender el carnaval martiniqués antes de partir
El carnaval comienza el primer domingo después de la Epifanía, con «domingos gordos» que van ganando intensidad, pero el corazón de las fiestas se concentra en los cuatro días gordos: del domingo al Miércoles de Ceniza. Estamos aquí en un departamento de ultramar francés: se paga en euros, se habla francés y criollo, pero el espíritu es resueltamente caribeño.
En el plano práctico:
- Diferencia horaria: -5h en invierno, -6h en verano respecto a París. Como el carnaval cae en la estación seca (la Cuaresma, de diciembre a abril), disfrutas del mejor clima del año.
- Llegada: aeropuerto Aimé Césaire en Le Lamentin, a 20 minutos de Fort-de-France.
- Prefijo telefónico: +596.
- Desplazamientos: el coche es muy recomendable. Calcula entre 30 y 50 €/día de alquiler, y anticípate: las carreteras hacia Fort-de-France se colapsan los días de desfile.
Una figura lo estructura todo: Vaval, el rey del carnaval. Es una enorme efigie de papel maché, a menudo satírica, que caricaturiza la actualidad política o social del año. Preside las fiestas… antes de ser quemado el último día.

El programa día a día
Domingo Gordo: la apertura por todo lo alto
El Domingo Gordo («dimanch gras») da el pistoletazo de salida oficial a la gran semana. En Fort-de-France, el desfile suele empezar a primera hora de la tarde, hacia las 14h, en La Savane y a lo largo del paseo marítimo. Es el desfile más colorido: grupos a pie («groupes à po»), carrozas, orquestas y reinas elegidas en cada pueblo.
Mi consejo sobre el terreno: llega temprano, aparca en las afueras (hacia Le Lamentin o Schœlcher) y termina a pie o en lanzadera. Los mejores sitios a lo largo del recorrido se ocupan desde el mediodía. Lleva agua, sombrero y zapato cerrado: se camina, se baila, se suda.
Lunes Gordo: las bodas burlescas
El Lunes Gordo está dedicado a las bodas burlescas. La tradición invierte los papeles: los hombres se disfrazan de novias, las mujeres de novios, en cortejos deliberadamente grotescos e hilarantes. Es una jornada más ligera, muy popular en familia.
Los vidés (desfiles improvisados en los que la multitud sigue a una orquesta por la calle) empiezan a crecer. Le Diamant, Sainte-Anne y Les Trois-Îlets organizan sus propios desfiles de barrio, a menudo más íntimos y auténticos que la gran cita foyalesa.
Martes de Carnaval: el rojo de las diablesas y diablillos
El Martes de Carnaval es, sin duda, el día más espectacular. El color impuesto es el rojo: la calle se cubre de diablos rojos, diablillos y diablesas. Los niños desfilan con cuernos y horcas, y los grupos rivalizan con trajes deslumbrantes.
Es también el día en que te cruzas con las figuras emblemáticas del carnaval:
- Los nèg gwo siwo: carnavaleros enteramente cubiertos de una mezcla de melaza (sirope de caña) y hollín, que amenazan entre risas con embadurnarte si te acercas. Una figura heredada de la historia de la esclavitud, convertida en símbolo de libertad y de provocación alegre.
- Las Marianne lapofig: cubiertas de hojas secas de bananero.
- Los diablos rojos con espejo, destinados a asustar a los malos espíritus.
En Fort-de-France, el gran vidé del Martes de Carnaval es imprescindible. Pero ten en cuenta que Le François y Saint-Pierre ofrecen ambientes más concentrados, ideales si quieres vivir la fiesta sin el gentío de la capital.
Miércoles de Ceniza: el blanco y negro, y la muerte de Vaval
El Miércoles de Ceniza cierra el carnaval con una intensidad emocional inesperada. El color del día es el blanco y negro: la multitud desfila de luto, disfrazada de diablesas en blanco y negro, para llorar a Vaval.
A última hora de la tarde, en el paseo marítimo de Fort-de-France, Vaval es quemado. La multitud entona «Vaval, pa kité nou» («Vaval, no nos dejes») en un trance colectivo conmovedor. Es el momento más intenso de toda la semana, una mezcla de fiesta y melancolía. El rey se convierte en humo, y la isla regresa a la Cuaresma.
Los pueblos más animados
Todos los pueblos tienen su carnaval, pero aquí está mi clasificación de residente:
- Fort-de-France: la capital (la isla cuenta con unos 360.000 habitantes), el epicentro ineludible. Los cuatro grandes desfiles son aquí los más multitudinarios.
- Le François: ambiente desenfadado, desfiles de barrio muy vivos, menos turísticos.
- Saint-Pierre: carnaval al pie de la Montaña Pelée, en el decorado de las ruinas declaradas Patrimonio de la UNESCO. Un marco excepcional.
- Les Trois-Îlets y Sainte-Anne: perfectos si te alojas en el sur, cerca de las playas.
- La Trinité / Tartane: para combinar carnaval y península de la Caravelle.
